viernes, 8 de enero de 2010

MÁS PEQUEÑOS QUE EL GUGGENHEIM

Escribir sobre esta obra es un poco difícil, más por todo lo que ya se ha dicho de ella. Sin embargo, el entusiasmo que me produjo es lo que me mueve a garabatear algunas palabras. Viene a Oaxaca una obra joven. Joven no por falta de madurez, sino porque la gente que realizó este trabajo es gente joven, fresca, propositiva, con ideas sobre el teatro. Un trabajo que trae las credenciales por delante: “Premio Nacional de Dramaturgia”, “Selección de la Muestra Nacional de Teatro”. Como el doctor que cuelga los diplomas y reconocimientos atrás del escritorio para demostrar algo y la gente se sorprenda. Lamentablemente, este trabajo tiene que recurrir a eso y le beneficia sin necesitarlo.
La obra, texto y Dirección de Alejandro Ricaño, recorre una historia simple: dos amigos que van a España y tienen que volver. La trama nos va hilvanando las razones del regreso junto con toda una gama de representaciones dentro de la representación. Un texto bien plantado dentro de la llamada “dramaturgia contemporánea”, mezcla de distintos estilos que manejan ya varios dramaturgos mexicanos “jóvenes”. Si bien, el texto ha sido bastante alabado por muchos y confrontado por algunos otros, hay que reconocer que sí, la obra está bastante cargada de clichés, chistes de lugar común y con referentes muy inmediatos y hasta esotéricos bastante manejados ya dentro de algunos círculos. Sin embargo, el gran mérito de este texto y de la puesta en escena, es que esos “clichés” están llenos de contenido. Los dramaturgos, escritores en general y gente que anda en el arte, huyen de los clichés, los abuchean, les temen. Y olvidan que los clichés en un momento fueron buenos descubrimientos dotados de contenido que se terminaron vaciando.  En este trabajo, los clichés nuevamente cobran dimensión, se reactualizan y son un regocijo. Esto, más las excelentes actuaciones de estos chicos de Xalapa, y un humor fresco y creativo, pone de manifiesto un teatro mexicano vivo. Al menos en quienes realizan este trabajo.
Aunque en algunos momentos empieza a cansar por repetición de mecanismos con poca progresión, la obra se levanta y vuela nuevamente llevando al espectador por toda una gama de sensaciones, desde la risa desquiciada hasta la ternura expuesta. No da tregua. Y se agradece.
En sus aspectos formales, la obra hace uso de la denominada “metateatralidad”. El teatro dentro del teatro. Una obra de teatro que trata sobre gente de teatro que quiere hacer teatro y que la obra que estamos viendo es la obra que ellos no saben van a hacer a partir de su propia vida. Juegos de representaciones mezclando la mal llamada “narraturgia” con los mecanismos más primitivos del hacer teatral y con los del sitcom. Si algo se le puede criticar, sería el poco entramado de los elementos usados en el texto quedando muchos de ellos como meras ocurrencias por su falta de integración, sin embargo, generan un sistema bastante interesante y altamente disfrutable. Con todos estos elementos, es bastante barato decir que la obra es buena porque es divertida. Decir que “vale la pena porque divierte” es rebajar este trabajo a simples efectos. Y no lo merece.
Haciendo caso al título, Más pequeños que el Guggenheim viene a refrendar el dicho que versa de la siguiente manera: los buenos perfumes vienen en frascos pequeños.
Si bien, en Oaxaca no estamos acostumbrados a ver trabajos de esta naturaleza, es agradecible que sucedan. Por una parte, marcan una pauta de calidad a los hacedores teatrales de este estado y por otra, permite ver en el teatro caras que no suelen verse o nunca se habían visto y que, esperemos, dejen de lado sus impulsos snobs para convertirse en espectadores asiduos del teatro oaxaqueño.

Paco Reyes

1 comentario:

El Caguamo dijo...

Tu ve la oportunidad de ver esta Obra en Colima...y me dejo un grato sabor de boca...amen de las pequeñas cosas que citas!!!!