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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Todas las vidas de un dramaturgo.

Arthur Miller, la más completa biografía. A cinco años de la muerte del autor teatral, acaba de distribuirse en los Estados Unidos una biografía total escrita por Christopher Bigsby: “Arthur Miller” está compuesta por 700 páginas con ilustraciones que narran la vida del dramaturgo, tan famoso por sus obras (“Muerte de un viajante” y “Las brujas de Salem”, entre otras) como por su vida amorosa y su matrimonio con Marilyn Monroe.



Una de las formas anglosajonas de conmemorar el aniversario del fallecimiento de un famoso es la publicación de una biografía. En 2010 se cumplen cinco años del de Arthur Miller (Nueva York, 1915 - Connecticut, 2005), el celebrado dramaturgo y guionista norteamericano. Sus piezas teatrales Todos eran mis hijos, Muerte de un viajante, Panorama desde el puente y Las brujas de Salem, entre tantas otras, modificaron, de una vez y para siempre, la dramaturgia internacional.



Christopher Bigsby, el autor de esta voluminosa biografía de más de setecientas páginas, que incluye fotos de Arthur Miller con míticas figuras (sólo algunas: John Huston, Clark Gable, Marilyn Monroe y Simone Signoret), es un académico inglés especializado en estudios estadounidenses, que dirige el Centro Arthur Miller de la Universidad de East Anglia. Se trata, sin duda, del estudio más profundo que se ha realizado hasta ahora sobre la vida, la obra y las circunstancias sociopolíticas que atravesó este dramaturgo, a quien frecuentó personalmente (Miller escribió su propia autobiografía, publicada en 1995; y se habían publicado anteriormente libros de conversaciones con Miller y acerca de su relación con Marilyn Monroe).



“Esta es la historia sobre un escritor, pero también es la historia de los Estados Unidos. El modelo dramático, para Arthur Miller, siempre fue el del teatro clásico griego, donde una sociedad puede comprometerse con sus mitos y dar vida a sus principios.” Así comienza el prefacio de la biografía cuyo título es Arthur Miller.



El autor plantea algunos eventos clave en la vida del dramaturgo, que lo llevaron a moldear su obra y sus ideas, como la Depresión, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Podríamos decir que la Guerra Civil Española fue el último conflicto externo a los Estados Unidos en el cual se involucraron, con pasión, intelectuales norteamericanos como Hemingway o Miller.



En la primera parte de la biografía, titulada “De Harlem a Brooklyn”, se hilvana con sutileza e inteligencia la saga de la familia Miller, inmigrantes judíos en Nueva York, provenientes de Europa del Este, con los hechos sociopolíticos y económicos de ese período. Así es como nos encontramos con Isidoro y Augusta, los padres de Arthur, cuyo matrimonio arreglado es uno de los tantos que se llevaron a cabo.



Vemos el ascenso económico de la familia, residente en Harlem, que era un barrio elegante, a través del cual su madre se paseaba en un auto con chofer. Isidoro, un hombre analfabeto, logró hacer fortuna con la fabricación de tapados de mujer; a Augusta, por su parte, la obligaron a desistir de los estudios universitarios planeados, para casarse.



El bienestar económico se derrumbó con la llegada de la Depresión. La familia Miller tuvo que mudarse a una modesta casa en Brooklyn, y comenzar a usar el transporte público. Arthur, a los 14 años, cambió de barrio, de escuela, y tanto la situación familiar como la social se tornaron dramáticas.



La detallada narración del joven Arthur Miller, que peleaba con sus malas calificaciones en la Universidad de Michigan, mientras comenzaba a escribir sus piezas teatrales, logra atrapar al lector como una buena novela. El héroe-antihéroe sortea todo tipo de obstáculos: religiosos, económicos y de su personalidad. A los 24 años había descubierto su vocación. Contaba con su título universitario, “poco dinero y muchas dudas”, la recomendación de un profesor para el Teatro Federal, y había rechazado un trabajo ofrecido por la 20th Century Fox, dado que tenía ambiciones más elevadas. Sus piezas Los años dorados o El hombre que tenía toda la suerte tardaron años en encontrar producción; mientras tanto, Miller se desempeñaba como guionista de radio.



Hacia 1944, Miller ya tenía una carrera. A su pieza Situación normal, le siguió Todos eran mis hijos y, luego, Muerte de un viajante. Los éxitos continuaron, a pesar de su traspié en la época del macartismo. Durante la década del 80, la pieza Panorama desde el puente, protagonizada por Tony Lo Bianco, se encontraba entre lo mejor de la cartelera de la ciudad de Nueva York.



Los tres matrimonios de Miller tienen lugar en esta biografía. Mary Slattery, su primera mujer, con quien tuvo dos hijos (uno de ellos es la escritora y cineasta Rebecca Miller) es descripta como una incansable compañera. A Marilyn Monroe, su segunda mujer, le dedica un capítulo. El biógrafo, como buen inglés, ve este episodio en la vida del dramaturgo como una debilidad.



Su tercera mujer, la fotógrafa austríaca Inge Moreth, fue la intelectual que no habían sido sus anteriores esposas. Tuvieron dos hijos. Inge murió en 2002, tres años antes que Arthur.



Varias de las obras de Miller tuvieron logradas versiones cinematográficas. Muerte de un viajante y Las brujas de Salem (de la cual Miller escribió el guión, que fue premiado con un Oscar) son sólo dos de ellas. Sin embargo, el mayor reconocimiento que obtuvo su obra reside en el hecho de que sus piezas teatrales se siguen produciendo en todas partes del mundo.



• Paula Varsavsky | Perfil | 2010-08-29

viernes, 8 de enero de 2010

MÁS PEQUEÑOS QUE EL GUGGENHEIM

Escribir sobre esta obra es un poco difícil, más por todo lo que ya se ha dicho de ella. Sin embargo, el entusiasmo que me produjo es lo que me mueve a garabatear algunas palabras. Viene a Oaxaca una obra joven. Joven no por falta de madurez, sino porque la gente que realizó este trabajo es gente joven, fresca, propositiva, con ideas sobre el teatro. Un trabajo que trae las credenciales por delante: “Premio Nacional de Dramaturgia”, “Selección de la Muestra Nacional de Teatro”. Como el doctor que cuelga los diplomas y reconocimientos atrás del escritorio para demostrar algo y la gente se sorprenda. Lamentablemente, este trabajo tiene que recurrir a eso y le beneficia sin necesitarlo.
La obra, texto y Dirección de Alejandro Ricaño, recorre una historia simple: dos amigos que van a España y tienen que volver. La trama nos va hilvanando las razones del regreso junto con toda una gama de representaciones dentro de la representación. Un texto bien plantado dentro de la llamada “dramaturgia contemporánea”, mezcla de distintos estilos que manejan ya varios dramaturgos mexicanos “jóvenes”. Si bien, el texto ha sido bastante alabado por muchos y confrontado por algunos otros, hay que reconocer que sí, la obra está bastante cargada de clichés, chistes de lugar común y con referentes muy inmediatos y hasta esotéricos bastante manejados ya dentro de algunos círculos. Sin embargo, el gran mérito de este texto y de la puesta en escena, es que esos “clichés” están llenos de contenido. Los dramaturgos, escritores en general y gente que anda en el arte, huyen de los clichés, los abuchean, les temen. Y olvidan que los clichés en un momento fueron buenos descubrimientos dotados de contenido que se terminaron vaciando.  En este trabajo, los clichés nuevamente cobran dimensión, se reactualizan y son un regocijo. Esto, más las excelentes actuaciones de estos chicos de Xalapa, y un humor fresco y creativo, pone de manifiesto un teatro mexicano vivo. Al menos en quienes realizan este trabajo.
Aunque en algunos momentos empieza a cansar por repetición de mecanismos con poca progresión, la obra se levanta y vuela nuevamente llevando al espectador por toda una gama de sensaciones, desde la risa desquiciada hasta la ternura expuesta. No da tregua. Y se agradece.
En sus aspectos formales, la obra hace uso de la denominada “metateatralidad”. El teatro dentro del teatro. Una obra de teatro que trata sobre gente de teatro que quiere hacer teatro y que la obra que estamos viendo es la obra que ellos no saben van a hacer a partir de su propia vida. Juegos de representaciones mezclando la mal llamada “narraturgia” con los mecanismos más primitivos del hacer teatral y con los del sitcom. Si algo se le puede criticar, sería el poco entramado de los elementos usados en el texto quedando muchos de ellos como meras ocurrencias por su falta de integración, sin embargo, generan un sistema bastante interesante y altamente disfrutable. Con todos estos elementos, es bastante barato decir que la obra es buena porque es divertida. Decir que “vale la pena porque divierte” es rebajar este trabajo a simples efectos. Y no lo merece.
Haciendo caso al título, Más pequeños que el Guggenheim viene a refrendar el dicho que versa de la siguiente manera: los buenos perfumes vienen en frascos pequeños.
Si bien, en Oaxaca no estamos acostumbrados a ver trabajos de esta naturaleza, es agradecible que sucedan. Por una parte, marcan una pauta de calidad a los hacedores teatrales de este estado y por otra, permite ver en el teatro caras que no suelen verse o nunca se habían visto y que, esperemos, dejen de lado sus impulsos snobs para convertirse en espectadores asiduos del teatro oaxaqueño.

Paco Reyes

sábado, 11 de julio de 2009

La casa de Hugo Argüelles, un acervo perdido.

El dramaturgo veracruzano Hugo Argüelles dedico gran parte de su vida a diseñar en Cacahuamilpa 6 de la colonia condesa, un lugar mágico, lleno de recovecos misteriosos en los que alevosamente iba colocando como piezas de ajedrez sus más secretas aficiones: Libros de psicología, nota roja, historia, pintura, biografías, novela, cuento, teatro, zoología. Discos con contenido de boleros, jazz, blues, sinfonías, óperas, zarzuelas, operetas, arias, y todo tipo de géneros musicales.
Para que esas colecciones diversas tuvieran su propio espacio, el maestro fue adquiriendo de las casas vecinas los patios traseros, y eso le dio a la casa de Cacahuamilpa 6 un trazo laberíntico, por lo que caminar en su interior se volvió algo siniestro.
Pero ¿dónde están los teatreros, melómanos, músicos, pintores y gestores culturales que se interesen por rescatar el acervo?
¿Se perdió el romanticismo por la conservación de las colecciones de arte?
El tiempo se acabó. El maestro dejó un legado con un plazo muy corto para poder ser patrimonio cultural, solo 5 años que terminaron en el invierno del 2008, y ninguna institución pública quiso adquirir por tan bajo costo el acervo. Ahora son los herederos del domicilio quienes tienen en sus manos ese material que seguramente terminará transportándose por el camión de la limpia pública de la delegación, o malbaratado en una acción desesperada por recuperar algo de “plata”, como lo expresa uno de los herederos, antes de vaciar el domicilio y ponerlo en venta como terreno, pues la casa fue modificada de tal forma por el maestro que resulta inhabitable, y como no, si el maestro Argüelles lo que quería con la dirección de Cacahuamilpa 6 era la constitución de un museo para que su colección estuviera al servicio de la comunidad artística de México.
Lo que él no sospechó es que dicha comunidad no encontró interés en rescatar 20,000 libros, 18,000 discos, películas, videos, manuscritos, y piezas artísticas y artesanales.